shock

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    Tenía 11 años e iba caminando a mi casa, cuando un hombre en un auto me preguntó por una dirección. Amablemente le indiqué donde quedaba la calle que buscaba. Luego me preguntó si conocía a una persona que supuestamente vivía por ahí y yo le dije que no. Comenzó a preguntarme por mi edad y a decirme que le gustaban mis senos, entonces miré el mapa que tenía en sus manos y descubrí que se estaba masturbando. Ni siquiera recuerdo haber tenido miedo, solo quedé  profundamente impactada.

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      Ya me había pasado antes que me gritaran cosas en la calle o que algún pelotudo me dijera algo cuando pasaba al lado de él. Suelo salir a la calle con audífonos, y las veces que no lo hice, siempre respondí, por lo que me llegaban comentarios como “hueona loca” o “ordinaria”. Pero la situación que voy a contar me dejó congelada.

      Iba un sábado al dentista, tipo once de la mañana, en Metro. Iba con un vestido suelto negro y zapatillas. El metro no iba tan lleno, pero lo suficiente para que la gente fuera un poco apretada. Recuerdo que sentí una puntada en mi trasero, pero no le di importancia, pensé que alguien me había pasado a llevar con el bolso. Cuando sentí que era más insistente, miré y era un tipo metiendo la mano bajo mi vestido, manoseándome el trasero. Me quedé como tabla, no supe cómo reaccionar. Siempre me habían dicho en casa que si llegaba a pasarme algo así tenía que gritar, hacer escándalo, pero dentro mío me hice pequeñita, me quedé muda. El tipo luego bajó en la siguiente estación y me quedé igual de paralizada, con asco, con ganas de llorar y con rabia hacia mí misma por no haber hecho nada. Hasta el día de hoy, cuando recuerdo, me siento enrabiada con el tipo y conmigo por no haber reaccionado y haberme paralizado así; porque aunque a una le enseñen qué hacer en esas situaciones, no te esperas que suceda.

      Hace rato que no uso vestidos en la calle ni me gusta salir muy arreglada, sobre todo porque siempre ando en transporte público. Es penca tener que dejar de ser como una es o quisiera ser, por miedo a que te griten o te toquen.

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        Soy una mujer adulta y en la actualidad, afortunadamente, no me volvería a pasar lo que me pasó varias veces cuando era escolar. Soy una persona que se define con mucha personalidad, pero cuando iba camino a mi colegio (tenía aproximadamente 15 años) y un hombre mayor, vale decir asqueroso, se acercó a mí, me bloqueé. En ese entonces aún no existía el Transantiago, pero igual el vagón iba repleto y sostenía mi mochila a la altura de mis caderas. Cuando el hombre se acercó, pensé que no estaba cómodo o que me iba a robar, por lo que subí la mochila y lo quedé mirando ‘’feo’’. Sin embargo su intención no era robarme, sino tocarme la vagina. Por supuesto yo quedé bloqueada, no podía creer lo que pasaba. Iba con mi madre, pero no me atreví a decírselo. Me sentí humillada, aún con tantos años que han pasado -más de diez- lo recuerdo y no me explico cómo lo aguanté, por aproximadamente un minuto. Aún recuerdo su cara asquerosa y pervertida. Me sentí desvalida. Ese día, algo de inocencia en mí desapareció y me sentí súper humillada, como un objeto. Me preguntaba, ¿cómo mierda un viejo de 60 o más años puede hacer esto? Y me miraba  asumiendo que a mí me gustaba, ojalá él hubiera sabido el terror que sentí. En ese tiempo ni quise pensar por qué estaba mojada mi falda, pero ahora imagino que fue fluido eyaculatorio. Viejo asqueroso.

        Imagínense, ¡esto me pasó a tan corta edad! Antes había recibido agarrones, pero le ‘‘paraba los carros’’ a la persona. Sin embargo, nadie se imagina lo paralizante y humillante que fue y el mal recuerdo que tengo. Afortunadamente, ahora soy mayor y si me volviera a pasar eso prefiero hacer cualquier cosa como gritar, insultar, pegarle con una mochila, patearlo o no sé, cualquier cosa antes de dejarme otra vez.

        Es el colmo que por ser mujer no se nos respete ni con uniforme escolar, ni cuando andamos en la calle de noche, ya que creen que somos blancos fáciles. Basta ya de degenerados que no piensan que degradan su humanidad.

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          Hace unos 10 años, iba caminando (un día domingo a las 4 de la tarde) a un paradero por Marchant Pereira en dirección a la calle Bustos (Providencia). Un tipo salió de un edificio y me quedó mirando fijamente, crucé la calle hacia Bustos y el tipo arriba de un auto tomó esa calle y se detuvo unos pasos adelante mío (vereda derecha). Cuando pase al lado de su auto, él estaba sentado por el lado del copiloto (fue extraño) y me quedó mirando con cara de depravado, por lo que me asusté y crucé a la vereda izquierda. Nuevamente apareció él en su auto y se detuvo otra vez más adelante, en ese momento me dio mucho susto por la anomalía de su actuar y además no había nadie más circulando en la calle. Al  momento de pasar otra vez por al lado de este tipo, él abrió la puerta y se masturbó (mostrando todo) mirándome con cara de psicópata. No sentía las piernas ni fui capaz de correr, el tipo retrocedió y se fue. Mi estado de shock no me permitió decirle nada ni menos tomar la patente (en ese tiempo vestía como rapera, pantalones talla 56 y un polerón XL, es decir cero provocación). Subí a la micro tiritando y cuando llegué a mi destino y me encontré con mis amigos no podía hablar de lo sucedido, ya que solo podía llorar por los nervios. Fue lejos lo más asqueroso que me ha pasado. Actualmente tengo 28 años y aprendí a enfrentar muchas situaciones de acoso callejero por la simple razón de que no es justo.