Silbidos

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    Más que un testimonio es un descargo. Ya es cosa de que todos los días, salgo a la calle y algún hombre pasa por al lado mío mirando de manera descarada o tocando la bocina. Esto es algo habitual en avenida Departamental, en la comuna de San Miguel que es donde vivo. Siempre hay algún personaje que se queda mirándote o los típicos bocinazos.

    Me da mucha impotencia no poder hacer nada. A veces me cuestiono a mí misma, empiezo a analizarme, quizás me maquillé mucho y eso está mal (el cuestionarme a mí porque ellos son los del problema). Incluso me bajo yo misma el autoestima diciéndome que soy fea y no deberían mirarme. Para qué mencionar el hecho de que muchas veces pasan por al lado mío diciéndome hermosa, preciosa, linda, etc. No necesito que me lo estén diciendo, la verdad no logro entender qué logran con eso, ¿que yo me de vuelta y los bese?

    Hasta cuándo será considerado como algo normal o típico de los hombres. Últimamente he usado mi colon irritable para andar con la panza hinchada por la calle, simulando que estoy embarazada para que no me miren y luego analizo, hasta este punto hemos llegado para que no me miren, pero lamentablemente miran igual. De verdad me siento muy pasada a llevar con todo esto que me ocurre diariamente, ojalá algún día esto deje de suceder.

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      Hoy iba caminando al supermercado, usando ropa cómoda (jeans, polera y chaleco), cuando pasó un furgón lleno de niños chicos. Tendrían unos doce años y me silbaron, algo que no pude o no quise entender. Al rato, un hombre me tocó la bocina de su auto, que tenía un timbre modificado que imitaba el silbido “jui juiuu”.

      Me vine reflexionando que, si bien es necesario enseñarle a nuestra niñas a defenderse, es vital enseñarle a los niños desde pequeños a respetar. No es el primer niño que vi -que por cierto ni alcanza la pubertad- gritándole cosas a niñas o mujeres incluso.

      Por otro lado, esto también me hizo pensar en por qué se permite a los autos que instalen ese tipo de bocinas con timbre que no tienen otro fin que el de imitar un silbido humillante por su connotación. ¿O acaso las personas de la revisión técnica pensarán que es muy útil este tipo de bocinas? Para la función que fueron ideadas originalmente es la de alertar a otros autos, no molestar a las personas en la calle.

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        Vivo en Antofagasta y regularmente salgo hacer deporte por la costanera. Un día, mientras esperaba en el semáforo para cruzar, mi hermana y yo recibimos una gran cantidad de “piropos” -si es que así se les pueden llamar- de varios hombres que pasaban en sus autos, entre ellos un carro policial. En su interior, había alrededor de cuatro o cinco uniformados y podría asegurar que TODOS  silbaron y dijeron cosas como “¡Uy lindas!, ¡cositas!”, y varias otras expresiones que no alcancé a oír. Con mi hermana seguimos nuestro camino y decidimos ponernos los audífonos para evitar escuchar cualquier cosa que nos pudiesen decir. Cuando veníamos de regreso, nos topamos, creemos que con el mismo carro policial, sólo que esta vez venía con menos uniformados en su interior y solamente nos tocaron la bocina del vehículo.

        Hace unos días atrás, mi hermana nuevamente se enfrentó a una situación parecida, cuando  un carabinero desde el interior del carro le grito algunas cosas, mientras ella esperaba para cruzar la calle.

        A mi parecer, que Carabineros realice estas acciones está completamente fuera de contexto y despedaza por completo su ética profesional. Es en este punto en donde recaen mis dudas y temores, ¿cómo denuncio estas acciones en Carabineros, si son ellos mismos quienes están ejerciendo este abuso? Sé que para hacer esta acusación debo tener pruebas, pero ellos se aprovechan de la velocidad que toma el vehículo y se esconden dentro, además se escudan en su “uniforme”. Los uniformados son personas comunes como todos, pero también son quienes velan por nuestra seguridad y con estos hechos ya no confío en ellos.

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          Viví un ejemplo claro de la poca importancia que se le da al acoso sexual callejero. Conversando con un amigo, le comenté que iba en un bus y que el chofer abrió la ventana para silbarle a una mujer. Yo estaba realmente sorprendida de que el chofer hiciera eso (manejaba un bus de acercamiento de la universidad). Mi amigo luego de escucharme me dijo: “bueno eso pasa todos los días”. Yo le dije que eso era una forma de acoso sexual , y él me respondió: “le estás poniendo MUCHO color”. Yo insistí con mi postura y mi amigo terminó diciéndome: “bueno, pero si las mujeres andan vestidas mostrándolo todo, ¿qué esperas?“.

          Yo aún no puedo creer que un amigo mío, inteligente, con estudios universitarios, me haya respondido eso. Por eso lo comparto, para mi es la mayor evidencia de que este tema, para los hombres, simplemente no es tema.

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            No sé cuántos años llevo aguantando que me griten en la calle. Hace un par de años empecé a pelear con aquellos que me acosan, pero más de una vez me he sentido avergonzada y no he sentido la fuerza y las ganas para gritar algo de vuelta o ponerme a pelear.

            Hoy iba bajando en bicicleta por Santa Isabel, cuando dos tipos en una camioneta pasaron a mi lado chiflando y tocando la bocina. Les hice un gesto, volvieron a pasar a mi lado y a hacer lo mismo. Cuando los encontré en el semáforo, les grité que no era un perro para que me silbaran, que me respetaran. Lo único que conseguí fue que me siguieran por diez cuadras, chiflando, tocando la bocina y gritando. De pasada otro par de tipos más se sintieron con el derecho de gritarme.

            Siento rabia e impotencia, al ver que haciéndome respetar no consigo nada y que quedarme callada sólo significa aceptar estas conductas en silencio. No pienso quedarme callada nunca, por más que me desgaste. Soy voluptuosa, prácticamente cualquier cosa que me ponga implicará tener el cuerpo a la vista y eso que hace años que uso escote. Soy “gusto de maestro”, como me
            dijeron alguna vez, por mi copa D, mis caderas y mi poto. Sé que eso no justifica que expresen su opinión de mi cuando no la deseo.

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              principal testimoniosCuando se nos pregunta sobre los piropos, silbidos y esas cosas, a muchas personas se les hace raro que algunas mujeres respondamos que nos molestan. Estando en el colegio, no lo entendía, pero ahora que uno crece se va dando cuenta de lo insoportables e incómodos que son.

              Por desgracia, en Chile, aún no se ha aprendido que ese tipo de cosas nos hacen sentir mal, incómodas y algo temerosas.

              Un día yendo del metro a mi casa -diez o quince minutos a pie-, conté tres tipos que me silbaron o me dijeron piropos, desde que subí por la escalera mecánica. Me bajó una mezcla de enojo extremo y pánico tremendo. El enojo fue porque los piropos, miradas y acoso en general lo hacen cobardes que después de decirnos algo o mirarnos se van sin ningún resentimiento; el pánico, porque a una se le pasan mil y una cosas por la cabeza, entre ellas un toqueteo o una violación.

              Confieso que me gusta mucho usar faldas y zapatos, pero sin provocar. Para que no se malinterprete: piensen en una estudiante universitaria promedio, entre 18 y 22 años, usa transporte público todos los días a diferentes horarios (el más tarde a las 17 hrs.),  no trabaja sino que sólo estudia en la universidad. Establecido el perfil, imaginen que se sube al metro, hora punta y lleno a reventar. Todas las mujeres sufrimos un miedo tremendo cuando nos damos cuenta de que nos están mirando, y no es necesariamente los ojos: muchas hemos sorprendido a hombres que nos miran el escote o las piernas. A la vez, vamos pendientes de dos cosas o más: que no nos roben, que estemos bien afirmadas para no caernos, que no nos toqueteen y, peor aún, tenemos que estar atentas a que no nos graben debajo de la ropa.

              Agreguemos la sanción social que a veces nos hace sentir culpables de cómo nos vestimos. Si bien en casa y en las tiendas compramos la ropa o zapatos a nuestro gusto y la probamos o nos vemos en el espejo antes de salir, es en público cuando se sufre. No sólo de hombres. Algunas mujeres, la mayoría de ellas de avanzada edad, miran a las mujeres jóvenes, que nos preocupamos de nuestra apariencia con una cara nunca antes vista. Recuerdo haber ido camino a clases en Metro y al frente mío se sienta una mujer de 50 años o más, que no me quitó la vista hasta que se bajó del tren. Mi falda no era tan corta, a la rodilla o un par de centímetros sobre ella. Todavía no entiendo por qué la mujer me miraba todo el trayecto, de pies a cabeza, como inspeccionando para saber si era una persona “decente” o no.

               Pero volvamos a los hombres: tienen la cobardía de decirnos cosas molestas y de acosarnos. En vez de decir frases aberrantes y al borde de la violación, podrían ocupar esa osadía para respetar a las mujeres. Mirarlas a la cara cuando les hablan y tener normas mínimas de comportamiento, no sólo ante las féminas, sino que ante la sociedad en general.

              NO ES NORMAL andar por la calle acosando a las mujeres. Si los delitos de violación, violencia física y verbal y la pedofilia están penados no sólo por las leyes de este país, sino que por las del mundo y son hechos reprochables por casi todos los habitantes del globo, tanto como la segregación social, el racismo o la discriminación…. ¿por qué el acoso callejero, que lleva muchas veces a la violación, no se considera delito? Es una tarea que tenemos pendiente y que debe empezar por un cambio social, consistente en denunciar y apoyar a las mujeres que sufren con estas frases y acosos reiterados y que son perpetuados por cobardes y poco hombres. Y mujeres… no cambien el modo de vestir y de ser por estos sinvergüenzas.  Sean felices siendo ustedes mismas.