Sofía Carvajal

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    Sofía Carvajal, creadora del libro "El piropo callejero: acción política y ciudadana" dio una larga entrevista a Eltiempo.com. Revísala aquí.

    El libro “El piropo callejero: acción política y ciudadana”, de la colombiana Sofía Carvajal, explica el límite entre un cumplido y el acoso callejero. Porque más que una frase al aire, es violencia de género. Aquí, un extracto de la entrevista publicada en el portal Eltiempo.com.

    ¿Cuándo pasa un “piropo” de ser algo bonito a acoso?

    Un piropo callejero es una expresión de acoso al ser una valoración no consentida –y regularmente muy agresiva y sexual– de nuestro cuerpo, ejercida desde el anonimato y con una casi nula posibilidad de interacción. En nuestras sociedades es una práctica cotidiana y reiterativa, por lo que el acoso se manifiesta también en la frecuencia. Sin embargo, lo que se considera bonito o acosador pasa por la subjetividad y todos los componentes culturales, familiares, históricos que puedan influir en ella. Así, hay piropos que pueden cumplir la función de halago para muchas mujeres dependiendo del contexto en el que se encuentren. Que un piropo sea bonito es algo realmente poco común en nuestras sociedades; esta idea suele aparecer al confundirlo con el cumplido.

    ¿Cuál es la diferencia entre “piropo” y cumplido?

    La académica Judith Schreier plantea esta diferencia para demostrar que es equívoco entender el piropo como una forma de cortesía. Así, por piropo siempre se debería entender el que se hace en la calle, por parte de un desconocido sin ninguna relación previa ni posterior con la persona que lo recibe y que no necesita de respuesta alguna. Se encuentra enfocado a fortalecer la imagen de quien lo dice, no de quien lo recibe. Por cumplido entendemos el que supone la existencia de una relación social previa entre ambas personas o al menos la intención de que se genere, exige una respuesta por parte de quien lo recibe y su intención es halagadora. El cumplido jamás ocurre en el paso efímero de la calle.

    Usted ubica el piropo en un ámbito de violencia y acoso hacia la mujer en la ciudad. ¿Por qué?

    Porque suele hacer (dentro de un gran número de otras prácticas) que las mujeres tengamos accesos condicionados y reducidos a la ciudad. El piropo asigna roles que nos ponen en desventaja, como el tener que privilegiar el silencio como respuesta ante una agresión. Adicionalmente, es una práctica que se refiere a nuestra sexualidad sin ningún tipo de consentimiento. El acoso había estado identificado siempre en espacios como la casa o la escuela, ahora también se reconoce en el espacio público e incluso organismos como Naciones Unidas lo han ubicado como un tema de trabajo prioritario.

    Revisa la entrevista completa aquí: “No me eche piropos”

    Imagen extraída de www.allevents.in