Transporte público

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    • 9 de cada 10 mujeres se han sentido observadas morbosamente en una micro, metro o paradero. 
    • Los hombres son reconocidos como los principales victimarios. Un 86,7% declara que la situación de acoso fue realizada por un hombre, seguido de una cifra de 8,9% que fue realizado por un grupo de hombres. Sólo un 1,3% declara que fue una mujer.
    • La cantidad de denuncias formales son bajas, tanto a nivel de denuncia en Carabineros, Policía de Investigaciones o Fiscalía, principalmente por no considerarse efectivos.

     

    Santiago, mayo 2021.- El Observatorio Contra el Acoso Chile (OCAC) lanzó el primer estudio nacional “Sobre experiencias de violencia sexual en medios de transporte y espacios públicos en Chile”, el que tuvo como objetivo abordar experiencias de acoso sexual derivadas del uso del transporte público y privado en Chile. 

     

    Los resultados permiten señalar que del total de la muestra, un 83,8% de las y los encuestados han sido víctima de acoso en la vía pública, medios de transportes público o privado, en donde son más frecuentes los acosos verbales y visuales (sentirse observada/o, recibir silbidos, recibir comentarios sobre el cuerpo), seguidos de los acosos físicos (como ser perseguida/o). Además, cifras alarmantes indican que las personas han tenido experiencias de acoso significativo siendo menores de edad (47,6%).

     

    En el estudio se visualiza que los acosos más significativos, si bien pueden ser realizados por hombres y mujeres, fueron realizados mayoritariamente por hombres o grupos de hombres, hecho que también apoya la “Radiografía del Acoso Sexual en Chile” realizada el 2020. (Ver “Radiografía del Acoso Sexual en Chile”, Observatorio Contra el Acoso Chile, 2020, y Arancibia, et. al., 2017).

     

    En cuanto al sentimiento de victimización, el sondeo destaca que las mujeres son más propensas a sentir miedo de ser víctima de acoso en espacios públicos o en medios de transporte, que los hombres. Para los encuestados(as) los medios de transporte más seguros son aquellos que les permiten movilizarse individualmente como el automóvil (58,7%) y la bicicleta (13,8%). Mientras que los más inseguros son el uso de la micro (34,1%) o transitar a pie (19,6%).

    Situaciones de acoso sexual vividas:

    Situaciones Total Mujer Hombre
    Te has sentido observado/a morbosamente  96,2% 95,2% 4,1%
    Han emitido sonidos como silbidos o besos dirigidos a ti, sin tu consentimiento  92,9% 96,9% 2,6%
    Una persona ha mencionado comentarios sobre tu cuerpo, vestuario o por cómo te ves, sin tu consentimiento y haciéndote sentir incómodo/a o inseguro/a  89,4% 97% 2,5%
    Una persona te ha dicho comentarios, preguntas o ha tenido una actitud que te ha hecho sentir incómodo/a (Ej.: ¿Tiene pololo?, me gustan las mujeres/hombres como tú, ¿por qué vas solita/o?)  82,3% 96% 3,2%
    Se han apoyado sobre tu cuerpo con intenciones sexuales (Ej.: punteos), sin tu consentimiento. 76,2% 96,5% 2,9%
    Te han tocado o manoseado el cuerpo o partes de tu cuerpo sin tu consentimiento  64,9% 93,2% 5,8%
    Te han susurrado cosas con connotación sexual al oído  57,4% 98,1% 1,5%
    Una persona ha tocado sus genitales o se ha masturbado frente a ti, sin tu consentimiento  49,2% 97,8% 1,8%
    Has sido perseguido/a por una persona a pie o en vehículo con intenciones de atacarte sexualmente 43,7% 96,5% 3%
    Han tomado fotografías o videos u otros registros de tu cuerpo, sin tu consentimiento. 19,4% 97,7% 1,1%
    Una persona te ha propuesto algún tipo de beneficio a cambio de que tú des favores sexuales (por ejemplo, dinero, llevar gratis a algún lugar, cupones o descuentos)  17,9% 97,9% 1%
    Te han amenazado con sufrir abuso o ataque sexual  13,7% 96,8% 1,6%
    Te han obligado o forzado a tener relaciones sexuales  8,2% 89,2% 8,1%
    Te han ofrecido u obligado a ingerir algún tipo de droga o sustancia ilícita  4,6% 95,2% 4,8%

     

    Razones por las cuales no realizó una denuncia

     

    Razón para no denunciar Frecuencia Total
    No lo consideró efectivo 148 34,6%
    No sabía que se podía denunciar 120 28%
    No sabía cómo hacerlo, no tenía información al respecto 83 19,4%
    No le pareció importante 35 8,2%
    Tuvo miedo de una posible represalia  21 4,9%

     

    Para la presidenta del OCAC y abogada de la Universidad de Chile Carolina Jiménez, “es necesario avanzar en la detección de los espacios donde se producen las vulneraciones hacia las mujeres y hacer de ellos lugares más seguros. Además para prevenir situaciones de acoso en los medios de transporte y en la vía pública es necesario contar con una mayor eficacia en los medios de denuncia y la implementación de campañas informativas y de sensibilización sobre el problema del acoso”.

     

    “En particular para los transportes móviles se sugiere significativamente (88,1%) mejorar los procesos de selección de conductores y capacitarlos con perspectiva de género. Por otro lado, sobre las medidas que se puedan entregar para compensar a las víctimas de acoso, el apoyo psicológico y/o jurídico es una necesidad urgente (96,8%)”, agregó.

     

    Ciberacoso

    Un 21% declara haber sufrido ciberacoso derivado del uso del espacio público, transporte pú4blico o privado, quienes son mayoritariamente mujeres 92,9%, y en menor medida hombres 7,1%. Con ello, llama la atención que las víctimas no conocen de dónde el victimario obtuvo sus datos personales.

     

    Situaciones de ciberacoso derivadas de un viaje en transporte público o privado:

     

    Situaciones Frecuencia Total Mujer Hombre
    ¿Has recibido llamadas o mensajes opinando sobre tu cuerpo, apariencia física o vestuario que te hayan hecho sentir inseguro/a, con miedo, etc.? 92 65,7% 92,4% 7,6%
    ¿Has recibido llamadas o mensajes con connotación sexual? 82 58,3% 96,3% 3,7%
    ¿Has recibido fotografías con imágenes y/o videos con connotación sexual (Ej.: fotos de genitales, pornografía, sin tu consentimiento? 75 53,6% 94,7% 5,3%
    ¿Te han llamado o enviado mensajes con amenazas de abuso sexual, violencia sexual o violación? 23 16,4% 100% 0%
    ¿Una persona ha tomado fotografías o videos de tu cuerpo, para luego amenazar con difundirlos con la intención de obtener un beneficio? (Favores sexuales, dinero, etc.) 12 8,6% 91,7% 8,3%


    *Este estudio fue  realizado en el marco de una alianza estratégica con DIDI en la que OCAC trabajó para contribuir a mejorar la sensación de seguridad de las mujeres en el transporte público y privado.

    Para ver el resumen del estudio pincha aquí: resumen-encuesta-ocac-docx

    Para ver el informe final del estudio pincha aquí: informe-final-estudio-sobre-violencia-sexual-en-medios-de-transportes-y-espacios-publicos-en-chile-docx-2

    Para saber más escríbenos a prensa@ocac.cl 

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      Iba camino a la escuela. Esperaba el bus y se me acercó un tipo que, por sus rasgos, no tenía más de 20 años. Me empezó a pedir hora, luego me preguntó dónde iba y mi edad, me pareció raro, así que me negué a responder y mentí acerca de mis datos personales. Una vez que vino el bus él se subió conmigo, se sentó a mi lado e intentó seguir averiguando cosas de mi. Cuando me bajé me siguió, me iba preguntando cosas y yo lo evadía. Cuándo al fin entré a la escuela me sentí aliviada, pero no por mucho tiempo. Lo vi varias veces afuera esperándome, mis amigas me cuidaban al menos. Puede que no me haya acosado físicamente, pero me causó daño psicológico con su acoso. Hasta el día de hoy sigo con miedo a salir sola. Nunca lo hablé con nadie de mi familia. Mi mamá siempre ha dicho que una tiene la culpa de que le pasen estas cosas, y como iba con falda seguro me culparía más.

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        La violencia estuvo siempre presente en mi vida. A los 11 años de edad un niño unos años mayor que yo, me manoseó las piernas en el bus del colegio. Avisé a los profesores, pero no pasó nada y me las tuve que arreglar sola. A los 14 años, en un gimnasio, un entrenador me abrazó y manoseó en un cuarto cerrado. Le conté a mis padres, pero finalmente no denunciamos. En el transporte público también sufrí acoso, en varias ocasiones me toquetearon. Una vez grité y nadie me ayudó; me miraron como si fuera una anormal.

        Pasó el tiempo, fui madre a los 16 años y sufrí violencia intrafamiliar por parte de mi pareja de ese entonces. A esa edad el acoso callejero ya era algo habitual para mí. Era frecuente que se me acercaran hombres para suspirar en mi oído o sorberse la saliva en señal de “estar rica”. Una vez un viejo me gritó “¡te sacaría caca!”; sentí tanto miedo… 

        Hoy ya no temo por mí, sino por mi hija de cinco años. Me da pena que por ser mujer tenga que pasar por estas cosas. Por eso, sé que debo prepararla, explicarle por qué pasa esto y enseñarle que el acoso callejero es una rama de la violencia, que permite y justifica otras formas de violencias.

         

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          principal testimonios nuevo

          Esto pasó en invierno. Hacía mucho frío y yo andaba demasiado abrigada. Me dirigía a mi casa, luego de salir temprano de la universidad como a las 11 y tanto de la mañana. Tomé la micro I09 en dirección a Maipú. Iba muy poca gente, así que me senté junto a la ventana para irme durmiendo en el camino.

          De repente comencé a sentir como unas cosquillas en mi espalda, pensé que podía ser la etiqueta de la camisa. Pasó un rato y en eso siento un agarrón cuático en mi guata. Me doy vuelta y veo un viejo con cara de excitado, un viejo de unos 60 años. “Conchesumadre…” pensé. Me paré rápido y veo que el viejo se estaba masturbando. Salí corriendo para delante de la micro. Quedé en shock, sólo atiné a sentarme al lado de una señora. Me sentí pésimo, un nervio cuático indescriptible, un hormigueo por todo el cuerpo. Me sentía paralizada. El viejo luego se bajó de la micro.

          La verdad, yo siempre me defendía. Soy de las que le responde a los hombres asquerosos que me gritan cosas en la calle y los enfrento. Siempre decía que si alguien me toca, le saco la cresta. Pero jamás me habían vulnerado de esa manera. Realmente, no supe qué hacer, no hice nada. Es cuático, una se siente sucia y queda temerosa de andar sola.

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            En la micro que tomo a diario de regreso a casa, se sube un hombre de edad avanzada. Este tipo se masturba y al parecer nadie se da cuenta, o al igual que yo lo hacen pero no quieren tener problemas. Varias veces lo vi haciendo cosas raras con las manos, pero por lo general se coloca algo en su regazo para taparse. Sin embargo, ayer fue mucho más descarado, pero me dio miedo grabarlo o encararlo, porque sentí que nadie me iba a apoyar.  Ahora me siento culpable por no actuar, pero de verdad en ese momento sentí que si hacía algo no iba a pasar nada y que el tipo volvería a masturbarse en la micro que, por cierto, debo tomar todos los días. Lamentablemente, no he podido contarle a mis cercanos.

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              principal testimonios nuevo

              Debido a que no me gusta estar encerrada, suelo salir harto. Supongo que eso aumenta mis probabilidades, tal vez sólo es mala suerte, o simplemente las calles están llenas de acosadores, o todas las anteriores. Estas son mis experiencias:

              La primera vez que me acosaron era súper chica, iba como en séptimo básico. Estaba con ropa de colegio junto a mis amigos jugando videojuegos adentro de un supermercado, cuando vino un tipo y me tocó una pierna. Yo grité y les dije a mis amigos y uno de ellos salió persiguiendo al tipo en cuestión. Yo fui donde un guardia y este me dijo: “¡Déjelo!, que no le pegue su amigo porque él es enfermito y viene siempre para acá y hace esas cosas”. Quedé impactada al saber que lo dejaban hacer esas cosas con tranquilidad a cabras chicas de colegio y quién sabe a cuántas más. Me enojé muchísimo y quise insultar al guardia. Ahí aprendí que tienes que defenderte solita y defender a las demás.

              En otra ocasión, ya más grande, yo estaba sentada en la micro al lado de la ventana y un viejo se sentó junto a mí como cualquier persona no más. Yo iba con el bolso sobre las piernas y de un momento a otro sentí algo extraño en mi cadera, levanté mi bolso y era la mano de este viejo que iba en dirección a mi entrepierna. Le pegué en el brazo, lo empujé, me senté más atrás y le grité como pude porque no me salía la voz, le dije: “¡Viejo degenera’o!”. Algunas personas se dieron cuenta, pero él ni se inmutó. Se bajó cuatro paraderos más adelante, justo en el que me tenía que bajar yo, así que preferí bajarme después y darme una vuelta gigante por otras calles. Me arruinó el día, tenía demasiada rabia por lo ocurrido, por no haber actuado diferente y haber hecho algo más.

              En otra, yo iba en el Metro cuando un viejo me tocó el trasero, lo agarré del brazo, lo miré a los ojos y le dije: “Cuidadito con las manos hueón” y le enterré las uñas unos buenos segundos. Sonó la puerta y se bajó corriendo. Una señora me felicitó.

              Una vez vi a un viejo que iba punteando a una niña como de 14 años y le dije: “¡Oye!, córrete de atrás de la niña, la micro tiene harto espacio pa’ atrás”. El viejo se desfiguró entero y se fue calladito. La cabra no entendiendo nada, se avergonzó.

              También me ha tocado escuchar a viejos que le gritan a escolares y yo les grito de vuelta o me voy caminando al lado de ellas cuando es de noche. Es raro y es lindo eso. En las micros las mujeres nos sentamos con las mujeres y en las calles oscuras y paraderos también se forman silenciosos grupos de mujeres que se acompañan porque, de una manera u otra, todas sabemos que es difícil y peligroso. Además, si algo pasa, solo otra mujer te puede entender y ayudar.

              Es súper estresante caminar por la calle, sobretodo en Santiago (en otra región me relajo un poco). Yo defiendo mi espacio con uñas y dientes. Si un tipo se me pone muy cerca me corro, lo alejo o lo encaro.

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                principal testimonios nuevo

                Estaba en la micro sentada mirando por la ventana, hasta que de pronto sentí que pasaron a llevar uno de mis senos, me acomodé bien en mi asiento para no rozar y miré a quien estaba al lado mío: era un hombre vestido de terno de unos 35-40 años. Me miró con una sonrisa coqueta, tomé mi bolso con toda seguridad con la intención de salir de mi asiento y en ese segundo, con sus dos manos, agarró mis dos senos y me dice “adonde vai mijita rica”. Sin duda le di una cachetada y empezó a reír a carcajadas, toda la gente de la micro comenzó a mirarme y él me dijo “¿qué te hice ahora alaraca para hacerme eso?”. Me dio tanta rabia que grité todo lo que hizo, pero la gente empezó a defenderlo, decían que era una agresiva, que eso no se hacía, que cómo no iba a hacerlo si yo andaba vestida con pantalón apretado (eran jeans ajustados de esos que usa casi todo el mundo), que las señoritas no andaban en esas cosas, que cómo me sentaba al lado de un hombre. Luego, acarició mi rostro y me dijo “linda, no pasó nada, tranquila, siéntate no más y deja de huevear”.  No me quedé de brazos cruzados e insistí en que no tenían por qué defenderlo si no tenía ningún derecho a tratarme así.  En ese momento,  todos empezaron a gritarme y a defenderlo aún más, insistiendo en que querían viajar tranquilos y yo estaba molestando. ¿Acaso yo no tengo derecho a viajar sentada y tranquila también?

                Fue tanto el alboroto en la micro, que el chofer me insistió que dejara de molestar o me iba a tener que bajar. Lamentablemente tuve que hacerlo. Apenas bajé comencé a llorar, no quise llamar a nadie porque eran como 40 personas dentro de la micro. Estaba segura que nadie me iba a apoyar y tuve que caminar 25 minutos sola e  insegura por tratar de defenderme.

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                  Es verdad que siendo mujer eres acosada y discriminada diariamente, aun más cuando eres lesbiana. Mi pareja, con la que estoy en una relación hace ya dos años, y yo tenemos una opinión muy negativa respecto de cómo son vistas las relaciones lésbicas en Chile. Casi nunca nos tratan de forma normal, como quisiéramos que nos tratase, solo es un gusto distinto y ya. Sin embargo, la gente es cruel y juzga todo desde su punto de vista, en cómo se debería vivir para ser “normal” porque de lo contrario eres rechazada por la mayoría de las personas.

                  Debido a la relación que tenemos, hemos sufrido la discriminación incluso por parte de nuestras familias que no nos aceptan. La familia de mi pareja no me deja entrar a su casa y me trata de lo peor. También nos ha pasado en lugares públicos; recuerdo una vez que estábamos en Santa Lucia, me recosté en el pasto con mi pareja y un tipo empezó a mirarnos, a hacer gestos vulgares, sonidos e intimidaciones acercándose mucho a nosotras.

                  También fuimos discriminadas en una entrevista de trabajo. Con el fin de cuidarnos la una a la otra decidimos trabajar juntas para darnos apoyo y compañía en un mal momento de nuestras vidas. Fuimos a ciudad empresarial a una entrevista para call center en Virgin Movile. Nos preguntaron si éramos pareja y dijimos que sí ya que ya estábamos hartas de que nos miraran como cosas raras. Ante nuestros ojos, fue claramente una situación de discriminación ya que de todo el grupo que estaba en la entrevista, nosotras éramos las únicas con experiencia en el rubro, vivíamos cerca del lugar en cuestión y además sabíamos bastante bien cómo manejarnos en el trabajo indicado. Finalmente, después de la gran pregunta nos hicieron salir de la sala y esperar fuera, los demás quedaron dentro y esperamos bastante rato. Al final, le consultamos a un guardia qué pasaba y llamó a una chica que confirmó que ya hace bastante se había terminado esa selección y que ya estaban casi en la última etapa para comenzar a trabajar. Nadie se dignó a decirnos algo para que nos retiráramos.

                  Sin embargo, el último y más violento, traumante y humillante episodio por el cual pasamos ocurrió un día que íbamos desde Lo Espejo a Puente Alto en metro para hacer un trámite. Pagamos nuestro pasaje, entramos al tren y nos sentamos. Todo iba bien y tranquilo hasta que se subió un mimo que hacía reír a los pasajeros burlándose de algunos. En cuanto lo vimos, él nos miró feo y se fue acercando a nosotras con sus bromas e imitaciones. Nos empezó a molestar a los minutos de haber subido con una señora que se había subido y nos increpó con gestos y burlas para que nos paráramos y le diéramos el asiento. Ante estos gestos, la señora señaló que no necesitaba sentarse ya que se bajaría en la próxima estación, este tipo siguió con las burlas hasta más no poder, haciendo gestos obscenos y burlas respecto a ser pareja. Nosotras en ningún momento le prestamos atención y eso más le molestó, porque siguió y siguió. Finalmente llegamos donde debíamos bajarnos, nos paramos y cuando se abrieron las puertas del vagón, el mimo nos gritó algo como “bájense lesbianas maracas conchesumadre”. Al escuchar esto, me di vuelta y después de aguantar harto, me defendí diciendo que parara el hueveo y le lancé unas gotas de agua de una botella prácticamente vacía que llevaba porque con los nervios me había tomado toda el agua. Este tipo me respondió inmediatamente, se lanzó encima de mí, me agarró fuertemente del cuello y con el otro brazo me tiró un combo. Mi única reacción fue intentar taparme con los brazos para que no me golpeara la cara. Recuerdo ese segundo como eterno ya que me quedé inmóvil y en shock, solo sentí miedo y no sabía qué hacer. Mi pareja rápidamente al ver lo que pasó, se abalanzó encima de él y lo sacó para que no me siguiera golpeando. Lo increpó y comenzaron a pelear a golpes. La gente nunca intervino y él, como un cobarde, nos tiraba golpes con patadas y puños mientras se escondía detrás de la gente, burlándose. La gente, como en un circo romano, lo defendía diciéndonos que habían niños, que tuviéramos cuidado, que para qué le hacíamos caso, etc. Yo les pregunté que cómo eran capaces de ver cómo se burlaba, que no hicieran nada ante los golpes que este tipo me propinó, la gente respondía una y otra vez de la misma forma.

                  Entre todo este caos, dejaron parado el metro ya que él mismo salía y entraba al tren para golpearnos. Después, llegó un guardia y nos hizo subir hacia la boletería donde estaba carabineros, que allí arregláramos nuestro “problema”. Yo estaba llorando de impotencia y por la humillación que nos hizo pasar a mi pareja y a mí.

                  Le pregunté a los guardias y hasta a las personas del aseo para saber a quién le podía pedir las grabaciones del metro con el fin de demostrar que él se lanzó encima de mí y que mi pareja solo me defendió para que no me siguiera pegando, pero fue inútil porque nadie dio una respuesta y nos ignoraron; se lavaron las manos diciendo que las grabaciones las debía pedir Carabineros. Por otro lado, el mimo seguía burlándose de nosotras mientras carabineros tomaba su declaración.

                  Nos llamó mariconas de mierda delante de Carabineros, pero ellos siguieron escribiendo lo sucedido. Él contó que nosotras le pegamos de la nada, bastante ilógico ya que nadie se lanza de la nada a pegarle a alguien, a excepción de él. El mimo reiteró que nosotras lo golpeamos, sin embargo, físicamente no teníamos ninguna posibilidad de defendernos ante alguien como él. Un hombre que pesaba unos 85 kilos, medía 1,80 y tenía 35 años. Nosotras por otro lado, teníamos 22 años, pensábamos 60 kilos y medíamos 1,58.

                  Carabineros decidió que era riña y nos llevó a los tres detenidos y a constatar lesiones ya que él tipo indicó y aseguró que lo golpeamos, que estaba mal y dando lástima cambió su actuar para salvarse .

                  Fuimos a constatar lesiones y gracias a dios no alcanzó a hacernos nada tan grave salvo las evidentes lesiones de golpes, patadas, además de mi cuello en donde tenía las uñas y manos marcadas del tipo .

                  Llegamos a la tenencia de carabineros y empezaron con hacer el informe o algo así para relatar y dejar por escrito lo sucedido. Dimos toda la información que nos solicitaron y solicitamos nuevamente las grabaciones de las cámaras del Metro para que quedara en evidencia el actuar del sujeto. Carabineros dijo que tendríamos que pasar todo el día, tarde y noche en el calabozo para pasar al otro día a la fiscalía e indicar lo sucedido .

                  Nosotras no podíamos quedarnos ahí todo ese tiempo ya que teníamos comprado unos pasajes a Viña del Mar porque nos íbamos para allá y teníamos todo listo y, obviamente no esperábamos que ocurriera lo mencionado anteriormente, ni tampoco teníamos como deshacer todo de un momento a otro.

                  Carabineros nos mandó al calabozo. A él a uno de hombres y a nosotras a otro de mujeres donde gracias a Dios una Carabinera que nunca esperé que se compadeciera me trató de una manera decente y me preguntó qué había pasado. Yo le conté y me dio frases de aliento y lamentó lo sucedido.

                  Finalmente pasamos unas dos horas en el calabozo y nos preguntaron si seguiríamos el caso. El tipo obviamente se rehusó porque no le convenían las pruebas que podrían encontrar, estableció que ya se sentía mejor y que no quería seguir el caso. Nosotras por otro lado ya teniendo planes y cosas por hacer, dijimos que tampoco podríamos ya que no disponíamos de tiempo para seguir con eso. Sé que quizás fue un error por parte nuestra, pero realmente solo queríamos irnos y olvidar lo sucedido. Luego de unas horas, lo dejaron salir a él y después a nosotras.

                  Ese día quedó en mi mente para siempre. Desde ese entonces que mantengo mucha angustia cada vez que ando en metro o en micro, tampoco quise volver al lugar ni tener alguna relación con lo sucedido ese día. Debo confesar que a pesar de que ya han pasado unos cinco meses de esto, todavía no lo olvido, siempre está en mi mente el miedo y pánico del momento y no sé cómo superarlo.

                  He tenido constantes sueños y recuerdos de lo sucedido y siempre me inunda una gran pena, además de un sentimiento de asco y humillación. Este tipo me trató así y me golpeó solo por algo que a no le gustó.

                  Desde ese día siento miedo de los homofóbicos y sus reacciones. Hasta cambié mi forma de ser con mi pareja, sé que no es su culpa, sin embargo, desde aquel momento no quise tomar su mano, ni besarla, ni tocarla en público nuevamente.

                  Me siento muy perseguida y siempre que salimos estoy muy alerta de todos, con miedo en mi corazón y un nudo en la garganta.

                  Sé que mi pareja me ama y entiende, pero para mí es muy difícil olvidar lo sucedido.

                  Después de las cosas mencionadas, perdí la fe en la gente y me ha costado mucho avanzar. Últimamente me siento mejor encerrada y le pido a Dios que por favor se lleve el miedo y el trauma que me atormenta día a día .

                  Se perfectamente cómo es sentirse acosa y violentada por ser mujer y por ser lesbiana.

                  Agradezco mucho sus artículos y espero que algún día historias como esta no ocurran y nuestras próximas generaciones vean la discriminación y el acoso como un delito repudiable.

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                    principal testimonios nuevo
                    Iba camino a mi trabajo, como todas las mañanas en el Metro. No estaba tan lleno, de hecho había espacio suficiente para moverse en el vagón. Luego de combinar en Los Héroes, y antes de llegar a Moneda, siento algo extraño. Justo detrás mío había un tipo, vestido con polera oscura, bombachos de estos bien hippies y con un banano hacia su costado derecho. El tipo tenía su pene erecto bajo el bombacho, y lo estaba fregando contra mi trasero. Mi experiencia de vida me ha enseñado a no quedarme callada, por lo que lo enfrenté, a gritos eso sí, para que alguien más me ayudara, por si acaso.

                    Le grité: “¿Qué te creís tú? ¿Que puedes estar frotando tu weá erecta en mi trasero?”. Y me respondió: “Yo no estoy haciendo eso, es el banano, mina loca.” Ahí yo le dije: “Hay bastante espacio en el vagón como para que tu “banano” no me esté rozando. Además, con qué cara dices que es tu banano, si se nota que tu mierda está parada bajo tus pantalones.”

                    El tipo me decía que no había espacio, que no podía culparlo. Yo estaba con mucha rabia, las demás personas no eran capaces de decir nada. Solo cuando le empecé a gritar garabatos reaccionaron. Le gritaron más cosas al tipo y lo bajaron en Metro La Moneda. Ahí yo ya estaba llorando mucho de rabia y susto. Si hubiese pasado algo más, la gente no hubiese hecho nada. Y mientras me veían llorar, me decían: “Tranquila, si ya lo bajamos. No llores, si ya pasó y se bajó”, “Tenías razón, sí lo tenía erecto, pero ya se bajó, no te preocupes”. Una chica trató de preguntarme por qué lloraba como dos estaciones más allá y una señora le respondió que fue porque me estaban acosando. Pero claro, en el momento esa señora que lo vio todo, no fue capaz de decir nada. Destaco que en ese entonces yo jamás había tenido relaciones sexuales. Este es un pésimo recuerdo y fue una pequeña tranca al momento de iniciar una relación.

                    Han pasado ya dos años. Espero que cada vez se vaya creando más conciencia de que uno no puede ser testigo pasivo de estas cosas.

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                      principal testimonios nuevo

                      Iba en el último asiento de la micro y un viejo muy extraño  se sentó a mi lado. Me sentí demasiado incómoda con su presencia, por lo que me enfoqué en mirar por la ventana aunque pendiente de que no me fuera a hacer algo, ya que las circunstancias eran muy raras. Lamentablemente, es bastante común que en lugares reducidos o con mucha gente corran mano.

                      Luego de un rato, volteé mi mirada hacia él y me di cuenta que se estaba masturbando y que no paraba de mirarme. Me puse tan nerviosa que le grité que me dejara pasar para cambiarme de asiento. Él haciendo como que nada pasaba, y sin dejar de masturbarse, tocó el timbre y se bajó de la micro. La gente miró, pero todo fue tan rápido que nadie atinó a hacer algo. Sentí miedo, impotencia y rabia.

                      Luego pensé que podría haber hecho mucho más contra él, pero el estado de indefensión en el que me encontraba no me lo permitió (una no anda preparada para estas cosas). Cabe mencionar que era invierno, andaba muy abrigada, vestida con un gran abrigo y sin  nada “provocativo”.  Sentí rabia en el momento, pero no le di más vueltas al asunto. Hoy me doy cuenta de lo que tenemos que aguantar en el día a día: manoseos y piropos obscenos que nos infunden odio y temor.