Transporte público

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    Una no es tonta, se da cuenta de las intenciones de la gente con solo mirarla a los ojos. Andaba con la plata justa para el pasaje y se me cayeron cien pesos. Los recogí, le pagué al chofer y me bajé de la micro. Solo eso bastó para que un hombre X se bajara conmigo y me siguiera por ocho cuadras. Casi me dejó en mi casa. Mi mamá dijo que era culpa mía, porque andaba con jumper y que esas cosas pasan.

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      Mientras estaba esperando locomoción en el paradero un tipo me gritó “¡qué te vaya bien en el colegio, yo te acompaño!“.  Morí de miedo, así que apenas paró mi micro me subí de inmediato, pero para mi desgracia él también. Se paró frente a mí, me tiró besos y dijo palabras sexuales. Le hablé a una señora y lo único que conseguí fue un “es normal, siempre pasa, no puedes hacer nada“. Sin saber qué hacer, me alejé lo más posible. Cuando llegué a mi parada (Parque Bustamante) me di cuenta que él también se había bajado; me persiguió cinco cuadras hasta que entré a un negocio llorando. Después de 40 minutos de estar ahí dentro, el tipo se fue. Corrí a mi colegio sin entender muy bien por qué algunos normalizan estos actos.

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        Hoy me ocurrió una situación que todavía no sé cómo nombrarla. Iba en el Metro camino a la universidad y, como de costumbre, este iba más que repleto. Me subí en Tobalaba, cuando ya estábamos en Los Leones se subió más gente. Quedé adelante de un hombre, no tenía espacio para moverme y con suerte respiraba. Cuando el Metro avanzó, sentí algo extraño en mi mano; una vez que se abrieron las puertas y tuve espacio para moverme dentro del vagón, me di cuenta que el canalla, cerdo, asqueroso y enfermo se había masturbado con mi figura o qué sé yo. Me tiró su repugnante semen en mi trasero, piernas, manos y mochila. Quedé en shock.

        Al querer pasarle su asqueroso semen por su cara, me di cuenta que ya se había bajado, sin que nadie se diera cuenta o pudiera hacer algo.

        No entiendo cómo es posible que pasen esas cosas, me siento totalmente vulnerada como mujer, acosada, sucia y con mucha pero mucha rabia.

        ¿En que tipo de sociedad estamos viviendo?, ¿cómo es posible que ni camino a la universidad me pueda sentir tranquila sin ser acosada sexualmente? Gente depravada que lo único que hace es daño, ¿qué mierda se creen?, ¿que acaso no tienen mamá, abuela, hermana o tías? Un mínimo de conciencia.

        Espero que este tipo de situaciones no le ocurra a ninguna persona.

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          Hace un par de años, cuando regresaba de la universidad, me encontraba en un paradero de micros donde había mucha gente. En un momento, un hombre de unos 50 años se paró frente a mí en una camioneta. Me parecía muy raro que estuviese tanto tiempo ahí, cuando sentí que me observaba lo miré y se estaba masturbando dentro de su camioneta. Sin saber qué hacer, solo me corrí y advertí a la joven que estaba cerca mío. Al darse cuenta, el hombre arrancó en su camioneta, pero alcancé a anotar su patente.

          Estaba muy aflijida. Llorando, llamé a mi familia y luego a Carabineros para preguntar qué podía hacer. Simplemente me dijeron que ellos no podían hacer algo, porque esta persona estaba en un vehículo de su trabajo y no de su pertenencia. Yo ya había visto esa camioneta al menos tres veces esa semana, pero la vez que lo sorprendí masturbándose fue la última vez que pisé ese paradero y esa calle. Trato de evitar pasar por ahí para no recordar el episodio, ya que me llena de rabia que los Carabineros no me ayudaran. Espero que con la ley que se está tramitando, esto no pase más. Y que cuando alguien llame a Carabineros, sí puedan investigar, o al menos indagar quién es la persona y dar un poco de tranquilidad a la víctima.

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            Eran las 6 de la tarde de un jueves de marzo y tomé una micro desde metro  U de Chile hasta Baquedano, por la Alameda. Una micro que no iba tan llena, la verdad. Cuando me acerqué a la puerta y toqué el timbre, sentí que un tipo se instaló tras de mí y en chileno, “me punteó”; acto seguido me susurra: ” te lo metería hasta el fondo de esa boquita roja”. Se abrió la puerta y sólo atiné a bajarme, paralizada, helada, aterrada.
            Muchas otras veces me pasaron situaciones en las que se me acercaron tipos en estos términos y yo siempre reaccionaba: empujando, pegando codazos, mirando con desprecio mientras me corría. Pero esta vez no me sentí amenazada a priori, no había tumulto, el tipo era joven, vestido algo deportivo, no me dio desconfianza con antelación, plena luz del día. Ahora siento que no puedo bajar la guardia ni confiar en nadie desconocido.

            Por algunos días me sentí sucia y humillada por no haber hecho nada para defenderme, pero ahora sé que no soy la culpable, sino esta sociedad enferma que normaliza y le baja el perfil a este tipo de agresiones, una sociedad que dice que debo estar “agradecida* de recibir este tipo de ” comentarios”.  Nadie tiene derecho a invadir mi espacio ni mi intimidad de esa manera.

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              Hace un par de semanas me dirigía al gimnasio (para variar atrasado) en taxi, cuando a pocas cuadras de andar el taxista de la nada me dice: “mire, la mijita rica que va ahí, cuando yo veo a una así le grito inmediatamente ¡Guachiiiiita!, ¡Mijita rica!, ¡Cosita! u otra cosa”. Quedé plop, sobre todo al ver el rostro de la joven en la calle, que nos miró con una cara de absoluta vulneración, diciendo con su mirada “¿por qué a mí?”. Descolocado, le dije que me dejara ahí mismo, porque no estaba dispuesto a financiar el trabajo de un asqueroso ser que tratara así a las mujeres.

              Lamentablemente este tipo seguirá haciendo lo mismo y lo peor es que para él es un acto de total normalidad.

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                Mi polola tenía miedo de irse sola a su casa, pues decía que era peligroso caminar desde el metro Quilín (sea la hora que fuere) hasta su casa, a la altura de Ramón Cruz, por lo que cuando se quedaba en mi casa hasta tarde, yo debía ir a dejarla tras ella pedírmelo con tono de ruego (yo creyendo inocentemente que no era peligroso que ella se fuera sola hasta su casa).

                Durante meses lo hice. Una hora de camino a su casa, sin que sucediera nada. El día que le pedí que se fuera sola, un tipo la acosó sexualmente.

                Es urgente desnaturalizar la violencia y la existencia de medios que permitan a la mujer autotutelar su defensa en el momento exacto del acoso. No se puede confiar en las fuerzas de orden público ni en el funcionamiento de las instituciones en estas situaciones.

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                  Un día en el metro Los Héroes, me subí al carro y afuera quedaron tres tipos, uno de ellos me miró y me dijo: “así me gustan las mujeres, con caderas anchas para que le entre todo, hasta el fondo”. Y yo ahí, rogando que se cerraran rápido las puertas.

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                    Me subí a un Transantiago después de salir del colegio. Me senté tranquila cuando de pronto un viejo de unos cincuenta y tantos años, que estaba muy curado, se puso al frente mío y me miró con cara de depravado todo el recorrido. Yo sólo lo ignoré mirando por la ventana, hasta que de repente sentí que me tocó el muslo por debajo de la falda. Asqueada, le grité “¡viejo degenerado!”, entre otras cosas.

                    La gente se unió y le gritó cosas humillándolo, incluso un joven muy atento de la FACH lo agarró y lo mantuvo en una esquina para que no escapara y llamó a Carabineros. La gente gritaba que pararan la micro y se lo llevaran detenido, pero el chofer no quería parar. Finalmente lo hizo y se lo llevaron los pacos. Después de unas horas lo dejaron libre porque no tenía antecedentes, lo que me dejó con mucho miedo y tristeza.

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                      principal testimonios nuevoIba sola en un taxi y el chofer me dijo que la noche se pasaba bien si se estaba acompañado y que conmigo seguro que no se aburriría. Como él tenía el control del auto, sentí miedo de lo que me pudiera hacer, entonces me quedé callada y solo hice gestos de asco. Sin embargo, me quedé con la sensación de que no le respondí de la manera adecuada y eso me sigue molestando hasta hoy.