vía pública

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    Era un 24 de diciembre, me bajé de la micro que me deja a unas cuadras de mi casa. Los obstáculos para llegar son tres semáforos, dos en el mismo sentido y uno que da hacia la villa donde vivo. Venía con mi mochila y un regalo de navidad en una bolsa más o menos grande. Cuando iba en dirección a cruzar el último semáforo, veo que se acercan dos tipos con una cerveza en la mano, uno de ellos se abalanza contra mi y me toma de la cintura diciéndome “mi amor”. Me corrí lo que más pude, casi saliéndome de la vereda y me protegí con mi bolsa para que se alejara. En lo que el semáforo se demoró en dar verde, él me gritó de forma muy agresiva “¡ven pa acá!” y ahí me quedé estupefacta esperando que se alejara. De pronto, veo que un auto conducido por una mujer para en la calle y me hace una seña para cruzar a pesar de estar en rojo, seguramente vio todo lo ocurrido. Mientras me dirigía a la calle del frente, escuché un último grito del hombre que me acosó: “Feliz navidad”, dijo.

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      Mientras estaba esperando locomoción en el paradero un tipo me gritó “¡qué te vaya bien en el colegio, yo te acompaño!“.  Morí de miedo, así que apenas paró mi micro me subí de inmediato, pero para mi desgracia él también. Se paró frente a mí, me tiró besos y dijo palabras sexuales. Le hablé a una señora y lo único que conseguí fue un “es normal, siempre pasa, no puedes hacer nada“. Sin saber qué hacer, me alejé lo más posible. Cuando llegué a mi parada (Parque Bustamante) me di cuenta que él también se había bajado; me persiguió cinco cuadras hasta que entré a un negocio llorando. Después de 40 minutos de estar ahí dentro, el tipo se fue. Corrí a mi colegio sin entender muy bien por qué algunos normalizan estos actos.

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        Siempre fui de esas personas que pensaban que podrían actuar en defensa propia si alguna vez se sentía amenazada, pero aprendí de la peor forma que no importa cuánto lo planees, nunca estás preparada.

        A la hora de salida de clases (16.15 horas) acordé con mis amigas que las dejaría en el paradero de la micro ubicado frente al establecimiento, para luego seguir mi camino a casa. Una vez hecho eso, me dirigí a mi casa que está a menos de ocho minutos caminando. Iba tan feliz cantando que no presté atención, gran error. Pasé al lado de dos hombres jóvenes que conversaban, me detuve a ver mi reflejo en la ventana de un auto y vi a uno de ellos caminar por la vereda del frente, seguí caminando. ¿Por qué debería preocuparme de alguien que va caminando? Cuando llegué a mi calle, me detuve nuevamente a ver mi reflejo, pero esta vez sí lo noté. Sentí algo extraño, como si me estuvieran observando y entonces lo vi escondido detrás de un árbol. Entré en pánico, quería correr, quería gritar, me estaba siguiendo, no había personas cerca ¿qué podía hacer? Traté de hacer como si no lo hubiera visto y caminé lo más rápido que pude, al llegar a mi pasaje, corrí. Lo hice tan rápido que llegué a mi casa. Al correr tanto, se me cayeron las llaves y escuché sus pasos. También corrió, di la vuelta, me empujó hacia la reja de mi casa. Aunque su mano tocaba mi pecho, sus labios no lograron su objetivo ya que como pude moví mi rostro para evitarlo. Luego de que pasaran alrededor de dos segundos, que para mí fueron horas de tortura, huyó. ¿Qué había pasado?, ¿quién se creía que era?, ¿quién le dijo que podía venir y tomar mi inocencia?, ¿quién le dijo que podía venir a mi casa y tomar mi seguridad?, ¿quién permitió que me tratara como algo que era suyo?, ¿Quién se cree que es? Mis padres no confiaban en que caminara sola, no confiaban en mi ruta, siguen sin confiar en que estaré bien.

        A mis 19 años, camino a casa tuve miedo, miedo de un chico que sólo quería lograr su cometido. ¿Por qué? Porque un tipo que creyó tener el derecho de seguirme como presa y tocarme como suya provocó en mí un rechazo a todo hombre que camine detrás de mí. No normalicemos algo que no es normal, si lo fuera, ¿por qué nos sentimos amenazadas cada vez que salimos a las calles? No quiero que las demás se sientan como yo me sentí.

        Deberíamos estar libres de ser violentadas de esta forma. No más acoso callejero.

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          Venía de vuelta del banco ubicado en el Mall Plaza Tobalaba. Mi casa queda cerca de este lugar y como de costumbre decidí caminar. Pasé por la calle Los jardines y sentí la presencia de un auto. Iba un poco pensativa y a la vez molesta porque mi trámite bancario había fracasado, estaba en las nubes, cuando un paró al lado de mío y escuché la voz de un hombre que me preguntó por una dirección. “¡Disculpa!, me dijo, ¿dónde está el pasaje ‘x’?”. Y yo, como iba en otra onda le contesté: “No sé, acá no hay ningún pasaje con ese nombre. Esta calle tiene pasajes con nombres de flores y más arriba tienen motivos de la isla de Pascua”.

          Como iba pensando en otra cosa no le presté más atención y seguí caminando, pero el tipo no se dio por vencido y justo cuando iba a cruzar el paso de cebra, cruzó en su auto y me dijo: “¡Oye, pero dónde queda…!”.  Ahí fue cuando me di cuenta que el asqueroso se estaba masturbando. A pesar de que soy muy chora no dije nada, me quedé para dentro. Muchos dicen “ay, yo le hubiera dicho un par de ‘chuchadas‘”. Créanme que lo pensé, pero en el momento uno se bloquea. Después que reaccioné, anoté el número de la patente del vehículo y fui a la comisaría más cercana. El carabinero que me atendió me dijo que eso no se podía denunciar, que era como daño moral y a las buenas costumbres y que debía presenciarlo un funcionario público, me paré indignada. Con mi afán justiciero fui a otra comisaría donde un carabinero sí me ayudó y puso la denuncia. Estoy a la espera de que me llamen de la Fiscalía.

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            Hoy a las 08:30 hrs. iba caminando y doblé en la intersección de las calles Castellón y Carrera, en Concepción. En la esquina de estas calles, un hombre, si es que se le puede llamar así, me acosó sexualmente en la vía pública (me dio un agarrón en la vagina). Quedé estupefacta y como se dio a la fuga no pude reaccionar de ninguna manera.

            Este sujeto tenía entre 45 o 50 años, medía 1,70 cm., aproximadamente, era moreno, de ojos café, pelo corto negro y con partidura al lado), andaba vestido con jeans y chaqueta azul eléctrico con una huincha blanca en el pecho.

            Nadie me prestó ayuda, ya que solo iban dos personas y no vieron muy bien la situación. Después de que ocurrió todo, arranqué porque me dio miedo que el tipo me siguiera. Cuando iba a la altura de Freire con Castellón vi que el tipo había vuelto a la esquina donde me atacó, sin ningún temor. Me imagino que volvió con la intención de atacar nuevamente a otra víctima.