“Una mano casi estrujó mi seno, sabía que no debía callarme y empecé a gritarle al hombre”

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    No recuerdo del todo mi edad, solo que estaba en La Serena. Mis hormonas estaban en apogeo y algunos cambios físicos comenzaban a notarse. Como soy gordita, mis senos crecieron antes y más rápido que los de las niñas de mi edad. Yo tenía muy claro por qué esto pasaba, así que sólo me preocupaba por no golpearlos, porque eran demasiado sensibles.

    Un día caluroso, salí con mi tía a la playa. Era una zona ideal para la gente que tenía niños, porque casi no había olas y por eso había mucha gente. Me metí al mar con una amiga del día, típico de los niños que hacíamos amistad fácilmente. Jugábamos en el agua compitiendo quién duraba más flotando. Ella se reía de un hombre de edad avanzada que nos miraba, “rascándose” sobre sus intimidades. A mí me dio  asco, sabia más que mi amiga respecto al tema. Ella se despidió y no volví a verla.

    Seguí en el agua otros minutos, hasta que oí una voz llamándome. Era mi tía. Se hacía tarde. Tranquilamente, me abrí paso entre los niños y adultos que había. Una mano casi estrujó mi seno derecho. Sabía que no debía quedarme callada y empecé a gritarle al hombre, que era el mismo que nos había estado mirando. Gracias a Dios mi tía me apoyó en presentar una denuncia. Gran sorpresa me llevé al enterarme tiempo después de que no fui la primera niña que tocó, ni la última.