Esta compañía se llama a sí misma “valiente e innovadora”, pero se cuelga de una receta publicitaria sexista y conservadora, que existe hace décadas. ¿Cuántas cervezas, lavadoras y autos se han vendido con cuerpo de mujer?

La nueva marca de telefonía móvil WOM (Ex Nextel) inició sus operaciones con una campaña de lanzamiento que, buscando ser “disruptiva e innovadora”, ha caído en el recurso dañino y facilista de mostrar a la mujer como un objeto.

Lamentablemente, no es la primera ni la última vez que la publicidad se sirve de la hipersexualización del cuerpo femenino para vender y llamar la atención, contribuyendo a naturalizar el machismo.

El femicidio, el maltrato físico y psicológico hacia las mujeres, la discriminación y el acoso sexual callejero, son parte de un engranaje patriarcal, que esta clase de publicidad, por muy inocua que parezca, ayuda a replicar. Imágenes en las que un hombre aparece rodeado de varias mujeres, como si fueran de su propiedad, o en las que se muestran pezones censurados, mientras un par de manos animadas las tocan, como si el “agarrón” fuera algo simpático; cosifican y deshumanizan a las personas, perpetuando una de las tantas desigualdades de nuestra sociedad.

Esta compañía se llama a sí misma “valiente e innovadora”, pero se cuelga de una receta publicitaria sexista y conservadora, que existe hace décadas. ¿Cuántas cervezas, lavadoras y autos se han vendido con cuerpo de mujer?

WOM llega con el lema “hay mucho de qué hablar”, pero no escucha el descontento general por la violencia de género. Invita a la revolución, pero sigue perpetuando que quienes protagonizan sus comerciales sean mujeres extra delgadas, de piel clara y dientes perfectos. Y esta observación, gente de WOM, no es una reivindicación moralista, no hay nada malo en el cuerpo desnudo de una mujer ni en dos chicas besándose. No. El problema es que juegan a la revolución con esas imágenes, mostrándolas como escandalosas y prohibidas, cubriéndolas con un halo negativo. Simulan abordarlas como algo natural, al mostrarlo “sin tapujos”, pero en realidad el cuerpo femenino está ahí como mero recurso para seducir a su audiencia, por su valor erótico. En su lógica de reproducción de discursos –y no de revolución–, las mujeres, como los teléfonos, están ahí sólo para ser usados.

¿Por qué no eligieron una chica morena de rasgos originarios, un tipo que mida menos de un metro setenta, un hombre transgénero besándose con otro hombre? Porque ahí sí está presente la diferencia, pero, al parecer, la verdadera diversidad no les sirve para vender.

*Columna escrita por Betania Bunster, publicada originalmente en El Quinto Poder.