“Yo no podía hacer nada, sólo rogaba que no me violara más de lo que ya había hecho”

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    Había ido a una actividad del colegio del que había salido el año anterior y que está a diez minutos caminando de mi casa. Eran las once de la noche y me llamó mi mamá preguntando cómo y a qué hora llegaría a la casa, le dije que aún no terminaba la actividad pero que a las doce partiría a la casa. Le pregunté si me iría a buscar, me dijeron que no porque ya estaban todos acostados. Dije que ya, que volvería en micro.

    Cuando ya eran las doce, me despedí y partí al paradero con un poco de temor, porque no suelo salir de noche, normalmente no llego después de las once porque nunca se sabe lo que puede pasar. En el paradero, no pasaba ninguna micro y había pasado media hora, así que en la oscuridad me puse a pensar si caminar o seguir esperando. Como pasaba el tiempo y quería llegar luego a la casa, me propuse a caminar esos diez minutos. Pensé que nada pasaría.

    Iba a mitad de camino, llegando al semáforo para cruzar la calle, y en mi apresurado caminar sentí pasos detrás de mí, de esos que caminan y corren a la vez. En ese momento empecé a caminar más rápido, esperando que la persona solamente pasara por al lado mío, sin hacer nada; pero no. De un momento a otro sentí sus manos encima mío. Me tocó entera y yo no podía hacer nada, sólo rogaba que no me violara más de lo que ya había hecho. Se fue corriendo, como si lo que hizo era todo lo que quería, tocar y nada más.

    Me dispuse a seguir caminando, cuando pude reaccionar, llamé a mi mamá diciéndole entre llantos que me fuera a buscar, que me encontrara en el camino porque ya no podía llegar sola. Me encontré con mi papá, me vio llorando y me preguntó qué me había pasado. Le dije que me habían acosado y nos fuimos en silencio hasta la casa. Al llegar lo primero que hice fue sacarme la ropa, nunca había sentido tanto asco, que alguien me haya tocado, son esas cosas que de verdad no se olvidan.

    Sólo espero poder quitarme ese temor de caminar en la calle, poder caminar tranquila, sin que nadie te grite o te silbe.